EtnoSalsa, Pista 3

 Día de julio del año 2022.


Terminó la jornada laboral, día largo de trabajo, discusiones y abordajes importantes sobre el momento histórico actual del país. Luego de risas, un baby shower y un cúmulo de sonrisas, miradas, abrazos y emociones contenidas tras dos años de distancia por la pandemia, un equipo de trabajo pudo reunirse, abrazarse, escucharse y mirarse a los ojos.

Como la psicosocial encargada, abrí y cerré la jornada, el día anterior, también jornada larga había quedado con mi papá de reunirnos para actualizar su celular, sería cuestión de un buen rato sentarnos, conectarme a una red WIFI en un café lindo del centro de la ciudad y, por supuesto, hacerle la pedagogía de todo lo que necesitara preguntar para que quedara a gusto con su nuevo teléfono. Sin embargo, ese día martes salí más tarde de la jornada, caminamos a buscar una oficina de su operador de teléfono y la más cercana que servía para nuestro trámite era distante del lugar que yo tenía pensando para nuestro encuentro; tuvimos que desplazarnos hasta el lugar, alejarnos y con este desplazamiento, se alejó el día y se fue acercando la noche, el tráfico en hora pico y algo de llovizna. Ya nuestro encuentro había sido modificado por las circunstancias, decidimos entonces, vernos al siguiente día. Éste que les cuento al inicio. 

Nos volvimos a encontrar con mi papá, busqué por la zona un lugar cálido y donde pudiéramos lograr nuestra misión, porque a esas alturas ya era un deber lograr su actualización. Por más paciencia que los tiempos distintos respecto a la tecnología distan de la experiencia de mi papá y la mía con la tecnología, sentía que era mi deber actualizar este tema pronto e iniciar, entonces, la magia de contarle lo que  con su nuevo teléfono podría hacer. Encontré un café en la 19 con 4ta, plena zona del centro de la ciudad en La Candelaria, en este lugar, logramos nuestro cometido, cenamos. Antes de despedirme de mis compañeras y compañeros del trabajo, les dije que nos veríamos más tarde, que iba mirando a donde ir o que les llegaría, dependiendo del caso, sin dudarlo, me acerqué a pocos pasos del lugar donde estábamos con mi papá y vi que el Rincón Cubano estaba abierto y vacío, era una buena señal.

Este gran lugar, de tradición salsera para muchas y muchos en la ciudad está ubicado en la Calle 19 #3A-37. Cuna del encuentro, la salsa en sus distintas sonoridades y una máquina del tiempo donde solo lo que está guardado en una playlist es lo que hace reír, encontrar, bailar y gozar a las personas asistentes al lugar. Conserva, desde que le conozco el tono rojizo de la oscuridad desde el baile, la intimidad del sonido retumbar y el calor ambiente que acompaña cada melodía que te sientas a escuchar o que te invita a moverte al ritmo que tu cuerpo permita, sienta. En ello, me despedí de mi papá y emprendí camino hacia el encuentro con mis colegas.

Este encuentro fue ameno, yo estaba agotada pero en el gremio social y creo, en cualquier gremio hay lugares que atrapan desde el colectivo, que convocan desde la intimidad y que animan a la conversación, el encuentro y la relajación, de una u otra manera. Hay expresiones de la salud mental colectiva que por ejemplo, en este escenario, fueron probables, divertidas e interesantes, todo en miras al conocer, reconocer y acercar desde la sutileza y genuidad a un equipo con una recta final importante en su camino. Bailé, conversé, conocí y escuché. 

Mi percepción del lugar, siempre logra sacar una sonrisa pues allí es donde en algunas ocasiones he bailado delicioso conmigo en su mayor medida, pero tengo un par de recuerdos con personas maravillosas bailando, riendo, sintiendo lo que es estar en un bar de salsa, bailando salsa y riendo salsa. Mi cansancio lo avizoraba, pero mi felicidad de estar allí me sostenía. Fue así como en un momento, tuve una de las conversaciones más inesperadas y enriquecedoras desde hace mucho tiempo, ¿me nombro blanca-mestiza o mestiza?

Uff, no saben todo lo que conversamos al respecto, entre la etnicidad y la reflexión, surgió en una compañera y yo una resistencia al nombrarnos blancas, pues no tenemos ni hemos tenido los privilegios que desde allí se gestan, sin embargo, una compañera negra y un compañero afro nos compartieron su punto de vista. Las miradas coloniales de la raza y las experiencias que desde la etnicidad hacían para ellos, de nosotras, unas mujeres blancamestizas. Nos rehusamos, seguí la conversación, alrededor música, risas y conversación. Juntaos balances, medimos opresiones y no desde la competencia, sino desde la mirada crítica de cada experiencia, el valor de la narración vivida y los análisis que desde los lugares comunes nos llevaron a conversar.

No pensé que un bar de salsa propiciara esta reflexión, lo que sí es que como siempre el hilo conductor de esta apuesta de EtnoSalsa se conecta, sí. Pensaba, proyectando la escritura de este relato que la herencia negra,  el legado de la esclavitud y como dice el Joe en una de sus canciones más insignes La Rebelión "se rebeló el negro guapo". Guapura narrada desde la valentía del desafiar al español, valentía desde los Pueblos y comunidades étnicas para resistir y persistir desde los territorios, memoria suficiente para sostener a los que vienen y sagacidad para pervivir. 

Que la música, las resistencias y el arte nos sostengan siempre bailando, reflexionando, conversando. Dejo la playlist que voy alimentando, si quieres ser colaboradora/or de este espacio escríbeme. Leámonos, escuchémonos, conversemos desde otros escenarios.


Lorena.

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